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PARASHAT KI TETZÉ

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PARASHAT KI TETZÉ
Devarim / Deuteronomio 21, 10-18, 22, 23, 24, 25
En Devarim 21, 10-11, nos dice HASHEM nuestro ELOHIM: “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos y lo[s] entregue HASHEM, tu Dios, en tu mano, y tomes a su[s] cautivo[s];”
La Torah nos está hablando no sólo de guerras físicas exteriores, sino de guerras espirituales, emocionales, luchas internas, luchas de recuerdos, por eso el versículo comienza con la expresión… “Cuando salgas a la guerra sobre tus enemigos”… para indicarte que en una lucha cualquiera que fuese, uno tiene el poder de sobre ponerse a todos los obstáculos que obran como los verdaderos enemigos para alcanzar lo que es la victoria absoluta.
Ante esas adversidades, esos pensamientos, esas batallas con tus enemigos, enemigos del recuerdo, espirituales, emocionales, luchas internas, miedos que tal vez que no expresamos, los desafíos que tenemos que pasar por delante, las diferentes pruebas que se presentan, la Torah nos dice claramente que HASHEM te los entrega en tus manos y tienes que hacerlos prisioneros, es nuestra batalla, pero es HASHEM quien nos entrega la victoria. La lucha es nuestra, por eso hay que salir a pelear la batalla, no hay que quedarse encajonado, encerrado o afligido en el problema. Hay que tener esa conciencia espiritual de que es Dios, quien nos los entrega en nuestras manos y nos ayuda a hacerlos prisioneros.
Cuando uno pone el pie afuera de esa rutinaria forma de pensar, de esa vieja forma de vida o de ese pensamiento limitado y contrario a lo que es vivir, tenemos que hacer lo que dice la escritura, “pelear la buena batalla de la Fe” creer y convencernos de que HASHEM está en control de nuestras vidas.
En ocasiones, cuesta creer de esa manera sobre natural. En sí mismo, es un enemigo grande creer de esa forma sublime de poder confiar en Dios. Es algo que está más allá de nuestro entender y comprender. Es ahí en donde aplica el principio de la Fe, es creer en lo que no se ve.
Así pues, debemos erradicar de nuestra cabeza, esos pensamientos de duda, de no creer en eso que no vemos o que pensamos si va a venir o no. Esos enemigos, esos pensamientos negativos, HASHEM, los entrega en nuestras manos para poder recibir lo que estamos pidiendo, por eso la Fe es la ¡convicción! de lo que no se ve, esa es la buena batalla.
También nos habla de la lucha del hombre y la mala inclinación que tiene, la lucha contra el Yetzer Hará, que es su enemigo eterno. El Talmud dice que el yetzer hará, crece cada día y se fortalece más, por eso sino fuera por la ayuda de HASHEM, una persona sería abatida por el constantemente, se sumergiría en pensamientos totalmente negativos.
De acuerdo a esto una persona nunca podría vencer su yetzer hará naturalmente, de una manera física o mental. Se necesita la asistencia Divina. Por tanto, es muy probable que la persona se desaliente y no intente siquiera, pasar de esa forma de pensar tan negativa, de estar siempre generando alguna duda, generando un pensamiento contrario a lo que es una buena vida.
Es ahí en donde la Torah dice claramente… “Cuando salieres a la guerra contra tus adversarios…”. Sí solo comienzas a luchar en contra de tú yetzer hará, entonces y sólo entonces, podrías estar seguro de salir victorioso en tú batalla. ¿Por qué? Porque HASHEM quiere que salgas hacer esa buena batalla, a pelear ese yetzer hará, a pelear esa barrera tal vez que ni vemos, esa barrera invisible que está ahí, a vencer con su ayuda Divina, por eso la palabra es bien clara y dice… “Con mí Espíritu caerán…”.
No es con arma forjada, eso es lo que tenemos que entender. Muchas de nuestras barreras, sean físicas, emocionales, materiales o financieras, o como tú quieras, está justamente la batalla afuera de nosotros, ósea es algo que tenemos que vencer, para poder estar bien. HASHEM nos asiste para poder tener esa victoria.
Éste versículo habla y habla de mil formas distintas, que HASHEM nos bendiga y nos haga entender la maravillosa forma de vida a través de este hermoso Passuk.
En Devarim 21, 11-14 nos dice: “y veas entre los cautivos a una mujer de bello aspecto y la desees, podrás tomarla como esposa. La traerás al seno de tu hogar; se afeitará su cabeza y dejará crecer sus uñas. Quitará su atuendo de cautiverio de sobre sí y se sentará sobre tu hogar y llorara a su padre y a su madre un mes completo; después de eso acudirás a ella y convivirás con ella y será para ti como esposa. Y sucederá que si no la deseas, entonces la enviarás por su cuenta pero no podrás venderla por dinero; no la esclavizarás, pues la has afligido”.
Nuestros sabios nos enseñan que la Torah, entiende la naturaleza humana y nos da leyes para ayudarnos a controlarla. Hay momentos en que la carne es débil y trata de sucumbir ante la seducción. Por eso la naturaleza humana hay que controlarla y frenarla ante los impulsos. Manda a esperar 30 días, de manera que el soldado que está en la batalla, salga de ella y pueda superar el desafío de la pasión versus sus valores. Al ver esa pasión de manera distinta, cuando dice que afeitarás su cabeza, es precisamente para despojar de lo material y ver lo espiritual de la tentación, así se garantiza que se estará firme ante la tentación.
Es mejor evitar los deseos indeseados, así se manejan sabiamente, de la misma manera que ellos nos tratan de manejar a nosotros. La Torah nos instruye para que tengamos dominio propio, de tal manera que nuestra alma, pueda ver y gobernar por encima de los deseos del cuerpo. Con la mirada del alma y con el tiempo a nuestro favor, podremos ver también que debemos de tener respeto y no hacer al otro lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos, a su vez debemos de cuidarnos, pues somos templo sagrado del Eterno.
Es muy valioso el principio que nos enseña la Torah de no eliminar nuestros deseos, es trabajar con ellos con sabiduría y ayuda del Cielo, así nos fortaleceremos y triunfaremos.

En Devarim 25, 17-18 nos dice: “Recuerda lo que te hizo Amelek en el camino, al salir de Egipto, cuando te acometió en el camino y atacó a aquellos de ti que estaban más rezagados, a todos los débiles en tu retaguardia, mientras estabas cansado y exhausto, y no temió a Dios.”
La cabeza y el corazón son como dos personas distintas, un concepto puede ser tan claro como la luz del día, pero la mente, sino la enviamos a través de la supercarretera de la información hacia el corazón, es como si dos personas distintas estuvieran habitando en un mismo cuerpo.
Por eso dice, muy cerca de ti está la verdad, es decir tú boca y tú corazón. Amelek es un enemigo del pueblo, es un maestro de la emboscada, pone astutamente esas redadas; el permanece en espera en el camino que hay entre el cerebro y el corazón. Ahí, trata de secuestrar justamente la idea, de castrarla o sacarla fuera del camino a su lugar de destino, al lugar donde se cristaliza lo que tú estás queriendo hacer. Amelek se pone ahí justo en el medio, porque si va el pensamiento y el corazón lo creé, no lo para nadie, por la convicción de la fe.
Todo lleva a un destino poderosísimo, por eso va a tratar todo, en todo lo posible de ponerte esa duda. Amelek, es la misma gametría de la palabra duda, el mismo valor numérico y el mismo significado. Todo lo que es duda, es justamente lo que te desanima.
Fíjate que hasta acá este pueblo malo pagano, castró al pueblo. Agarró a los ancianos, a los más débiles, a los rezagados que estaban cansados, a los que estaban fatigados.
Hay veces podemos estar fatigados, cansado emocionalmente, y ahí es donde el espera y te pone pensamientos de desánimo, pensamientos negativos. Por eso la Torah nos dice, ¡recuerda!, recuerda que ese mal está ahí, pero la palabra dice que tendremos lucha de por vida y… me borrarán la memoria de Amelek, ¡borrarla!
Hay que erradicar esos pensamientos. Hay que tener esa fe, esa convicción en HASHEM nuestro ELOHIM, hay que tener esa altura espiritual, esa Emunah, para poder entender y tener ese coraje para llegar a creer lo que está en nuestros labios y en nuestro corazón.
¡Creerlo y declararlo! Esa carretera, esa unión entre la boca con lo que declaras y lo crees, no hay nada que lo pueda detener. Eso es justamente lo que Dios nos manda, que recordemos que no dejemos que ningún pensamiento nos haga apartar de HASHEM, si lo estamos creyendo, creamos que Dios nos va a dar lo que estamos creyendo. Esa es la convicción con la que debemos ser cada día más fuertes.
Oración
Dios mío, preserva mi lengua del mal y mis labios de hablar engaño. Abre mi corazón a Tú Torah y mi alma correrá en pos de tus mandamientos. “Que la expresión de mí boca y la meditación de mí corazón sean aceptables para Ti, oh Eterno, mi Roca y mi Redentor”. (Tehilim 15:19)

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