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PARASHAT VAETJANÁN

Devarim / Deuteronomio 4, 23, 5, 6, 7, 1-2
En la Parashat Vaetjanán, sigue la despedida de Moshé, en Devarim 4, 24-27 dice así: “ – “Mi Señor
HASHEM/ELOHIM, Tú has comenzado a mostrar a Tu ciervo Tu grandeza y Tu mano fuerte, porque ¿qué  poder existe en el cielo o en la tierra que pueda hacer como Tus obras y como Tus portentos? Permíteme ahora pasar y ver la Tierra buena que está al otro lado del Jordán, esta montaña buena y el Líbano”-. Pero se enojó conmigo HASHEM por causa de ustedes, y no me escuchó; me dijo HASHEM: – “¡Es demasiado para ti! No sigas hablándome más sobre éste asunto. Asciende a la cumbre del peñasco y alza tus ojos hacia el oeste, el norte, el sur y el este, y mira con tus ojos, porque no pasarás este Jordán”-”.
En ésta Parashat Moshé vuelve a rezar, vuelve a insistir en anular el decreto de no entrar a Éretz Israel, ya
que su amor por ésta era inmenso, lo mismo que por su pueblo. Moshé quería entrar para realizar los
mandamientos que sólo se pueden cumplir en ella, él estaba conforme con que Iehoshúa fuera su
sucesor, sin embargo imploraba a HASHEM que lo dejara entrar. La palabra Vaetjanán significa “yo
imploro” y en la gametría el valor numérico es 515, el mismo número de horas entre la puesta de sol
Rosh Hashanah y Shemini Atzeret, es la última oportunidad para cambiar el decreto de Yom Kippur, el
valor numérico de Yom Kippur es 516. En este intervalo, Moshé rezó en cada momento que lo perdonara
HASHEM, y le permitiera cruzar el Jordán; Di-s le pidió que no continuara rezando. Esto nos enseña el
poder de la oración, dice que en ese tiempo Moshé también oró quinientas formas distintas de oración.
HASHEM le dice suficiente, es demasiado, porque sabía que si Moshé hacia una oración más, podía entrar a la tierra prometida. EL poder de la oración es tan fuerte, que Di-s le tuvo que decir a Moshé, para
suficiente, no sigas insistiendo con eso. Una oración, como hace la diferencia, sino lo hubiese parado
Moshé hubiese entrado, y al sentir eso, dijo: -no voy a hacer que HASHEM no cumpla su palabra y que
crean que tiene cierta complacencia conmigo y que hace cierta diferencia con mi persona- . Por eso
Moshé paró, para que ninguno de los dos quedara mal. Así queda resaltado el poder de la oración, de la
plegaria, que HASHEM tuvo que decir que no siguiera.

En ésta Parashat, Moshé también vuelve a repetir los diez mandamientos y el Shemá Israel, recordándole
al pueblo que deben de cumplir fielmente los preceptos y mandamientos una vez ingresen a la tierra
prometida.

Moshé pide al pueblo observar, cuidar y ser diferentes a las demás naciones, en Devarim-Deuteronomio
4:6 dice: “Salvaguárdenlos y realícenlos, porque esa es su sabiduría y su discernimiento ante los ojos de los pueblos, que oirán todos los decretos estos, y dirán: -¡Por cierto es un pueblo sabio y discernidor es esta nación grande!-”
Y luego, dos versículos más adelante Moshé continúa diciendo, en Devarim-Deuteronomio 4:9 dice: “Sólo
cuídate y cuida tu alma sobremanera, no sea que olvides las cosas que han contemplado tus ojos y no seas
que las retires de tú corazón todos los días de tu vida, y se las harás saber a tus hijos y a los hijos de tus
hijos”.

Estos dos versículos tienen en común una enseñanza muy especial, en hebreo estas palabras comparten
el mismo verbo, LISHMOR. En el versículo 6 está escrito: “Ushmartem”, y en el 9, “Hishamer-Ushmor”. En el primero se refiere a la acción de “observar”, de cumplir la palabra de Dios, ser testimonios vivos y fieles de la revelación recibida y ponerla por acción de generación en generación; ser obedientes, respetuosos, de la Torah y de sus mandamientos y ordenanzas, que les traerá sabiduría y consejo de cómo actuar de ahí en adelante en la nueva Tierra. En el segundo, el mismo verbo habla de “cuidado, de protección, del cuerpo y del alma”. Es muy interesante ver como se conjuga la rigidez en el cumplimiento de la severidad de la ley, junto con la “blandura” del cuidado y la protección en una misma palabra. Así pues, al discernir y ver la delgada línea que existe, el cumplimiento de la Ley debe de ser exento de la dureza que agobia, maltrata y separa, que crea en algunos por la manera de interpretarla y vivirla, divisiones y abismos infranqueables, fanatismos que no cosechan buenos frutos, solamente rigor y dureza en el cuerpo y en el corazón. Muchas veces separación entre un mismo pueblo, una misma familia, una misma comunidad, una misma persona. La misma palabra nos habla de cuidado, de protección de cuerpo y alma.

La ley se transforma en ley, en cuanto lo que se logra al aplicarla es cuidar, proteger, contener, unir,
buscar esa coexistencia entre el cuerpo y el alma, cuidándolos ambos de manera importante, logrando
ese equilibrio de alcanzar la misma meta e ideal para los esposos, los hogares, las familias, las
comunidades, para la humanidad. Es una ley que abraza sin esclavizar, que persigue una meta mucho más grande y elevada que el “solamente cumplirla por cumplirla”, eleva al ser humano a un nivel de relación con el Eterno y con su prójimo, en donde el amor es que sirve de vehículo para ponerla por obra.
Vivir la Torah, aplicarla en el día a día, por amor a nuestro Padre HASHEM nuestro ELOHIM, El
Todopoderoso, El Eterno, El Creador de Todo, así como lo hizo nuestro amado Yeshúa, nuestro Meshiah.
Buscar esa Emunah perfecta con nuestro Padre Celestial, unidos por el amor a ÉL, a nosotros mismos y a
nuestro prójimo, a través de esa obediencia reverente por amor y con la intención clara de dar testimonio
de ese amor, al sembrarlo en los demás y en nosotros mismos.
Lo que Moshé nos quiso transmitir sobre la observancia de la ley para la tradición judía, es que está muy
distante del concepto del “dura lex sed lex”, que significa, la ley es dura pero es ley. Por eso le dice tanto
al pueblo que ésta a punto de entrar en la Tierra de la promesa, como para nosotros que estamos en
camino de lograr nuestras propias promesas, -No hay ley posible si no hay una dimensión del cuidado
propio y de los demás, inherente a su cumplimiento-. La visión de la tradición de Israel: cuidar y cumplir
se dicen de la misma manera.

Devarim – Deuteronomio 5, 12-14 dice: “Cuidarás el día de Shabbat para santificarlo, como te ha
ordenado HASHEM tu Dios. Seis días trabajarás y harás todo tu obra; pero el séptimo día es Shabbat para
HASHEM, tu Dios; no hagas ninguna labor, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu sierva, ni tu toro, ni tu burro, ni ningún animal tuyo, ni tu converso dentro de las ciudades, para que descansen tu siervo y tu sierva como tú.” Uno de los mandamientos que debemos recalcar es éste cuarto, dice: -observa el día de Shabbat para santificarlo como HASHEM tu ELOHIM te ha ordenado-, es una orden. No es que si lo guardo o no, es una orden. Si la boca de Dios habla que guardemos algo como “orden”, también tenemos que aprender a obedecer. Es una orden que encima nos trae placer, nos trae satisfacción, nos trae alegría, estamos guardando lo que Dios mismo guardó. Porque Él dice que “en el séptimo día el vio que todo era bueno y muy bueno” y dentro de eso todo bueno y muy bueno, estamos nosotros. Ósea que si
somos buenos y muy buenos para los ojos de HASHEM, ¿Cómo vamos a fallar en no guardar el Shabbat?,
por eso como muchas veces lo decimos, más que guardar el Shabbat, el Shabbat nos guarda a nosotros.
Que hermoso que en esta víspera de Shabbat, el viernes, cuando está por caer el sol, tengamos esa
conciencia de que estamos haciendo una ordenanza de la boca de Dios, un mandamiento de la misma
boca de Dios, y sabemos que HASHEM se agrada, porque estamos cumpliendo un mandamiento… “mira
mis hijos como guardan el Shabbat”. Fijémonos lo importante de todo esto, que pasaron miles de años,
miles de generaciones, y el pueblo de Israel sigue guardando el Shabbat. Nosotros que somos parte
integral de ese pueblo de Dios y que entramos a través de Yeshúa, entramos a guardar lo que son los
mandamientos. Yeshúa guardó los mandamientos mejor que nadie. Fijemos lo importante que si todavía
mantenemos el guardar un mandamiento tan sencillo como un Shabbat, cuanto Dios nos guarda y honra
a los que guardan sus mandamientos. Por eso es una bendición guardar el Shabbat, es una bendición
poder cumplir algo tan gratificante como guardar un Shabbat. Es un día de paz, de familia, deleitándonos
con el fruto de la jornada de trabajo que tuvimos durante toda la semana. Qué bonito es poder
expresarle a Dios con amor el poder guardarle su día sagrado, su día de descanso. Si ÉL lo guardó, si ÉL
descansó, nosotros no somos más que ÉL, así que ha disfrutar de guardar este día grande y santo, como
es el Shabbat.

Otro mandamiento bien importante de recalcar es el décimo, está en Devarim / Deuteronomio 5, 18,
dice: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, no desearás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su toro, ni su burro, ni nada que pertenezca a tu prójimo.”
La codicia es un estado emocional más que una acción voluntaria del hombre. Entonces nos
preguntamos, ¿Cómo puede incluírsela bajo la órbita de una provisión racional? Ahí es donde juega la
parte metafórica de lo que estamos diciendo. Una interesante interpretación, explica el versículo así: “Si
observas los primeros nueve mandamientos, entonces no codiciaras; tienes asegurado que no te verás
atrapado justamente en la garra de la codicia, fuente por excelencia de toda infelicidad e insatisfacción.”
El codiciar nos atrapa a veces en la escasez del tiempo, en la escasez de que parece que nunca lo
tenemos, es algo que desespera, la codicia. Por eso y siempre lo recalcamos, “rico no es el que más tiene,
sino el que disfruta lo que tiene”, tener esa riqueza de disfrutar lo que tenemos, nos evita la codicia.
Debemos disfrutar de los mandamientos. Esa es la hoja de ruta para tener una vida sana y saludable, y
sobre todo, llena de bendiciones de lo alto, de las que enriquecen y no empobrecen, como dice la
palabra.

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