Parashat

PARASHAT DEVARIM

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Devarim / Deuteronomio 1, 2, 3, 1-22
La Parashat Devarim inicia un nuevo Jumash (libro del Pentateuco), el último de los Cinco Libros de
Moshé. Este Jumash tiene también un nombre especial, “la repetición de la Torá” Mishné Torá, y con un
estilo difiere de los cuatro anteriores, porque hasta aquí la Torá relata todo como una narración, en
gramática esto es llamado (hablado) en “tercera persona”: “Dios habló a Moshé, diciendo…”. Toda la
narración es como que “alguien” nos cuenta que HASHEM dijo tal y tal a Moshé, y este “alguien” es por
supuesto HASHEM Mismo, como está explicado en las enseñanzas jasídicas.
Pero aquí de repente, en el libro de Devarim (Deuteronomio) hay un cambio. Moshé habla por sí mismo,
él dice hablando en primera persona en este libro, aunque es una parte integral de los Cinco Libros de
Moshé, la Torá de HASHEM, bendito Sea. Y todo eso es dicho como una revelación de la esencia de Dios.
Todo es Dios. Entonces, ¿cómo explican los sabios este fenómeno, que Moshé es el que habla aquí?
Dicen que “la Presencia Divina habla de dentro de la garganta de Moshé”. Dice “les daré pastura [en
vuestros campos para vuestro ganado…]”. Hay todo tipo de versos como este, donde Moshé dice, pero
al mismo tiempo es Dios que está diciendo.
¿Entonces qué es lo que sucede? ¿Quién está hablando? ¿Es Moshé o es HASHEM? Los sabios enseñan
que en el Libro de Deuteronomio ellos son uno y el mismo. Moshé abre la boca para hablar, pero es la
Presencia Divina, HASHEM, quien está hablando desde esa garganta. Esto es lo que tipifica el carácter
especial y maravilloso de este libro de Pentateuco, el Libro de Deuteronomio, que comienza con la
parashat Devarim.
Moshé empieza con una exhortación, un reproche porque está a punto de morir, está a punto de partir
a estar con el Eterno y él hace de nuevo un recuento, repasa y enseña de nuevo todas las Leyes de la
Torah y toda la historia de Israel. La Torah registra en este Libro las partes de sus enseñanzas que
guardarían mayor relevancia para la nueva vida de Israel en su Tierra. Es el preámbulo a la nueva vida
que tendría que forjar en Éretz Israel. Una vez cruzaran el Jordán, el Pueblo ya no seguiría viendo de
manera constante la Presencia de Dios y Sus milagros, tendrían que arar, sembrar, cosechar, tener
tribunales, un gobierno, establecer relaciones sociales y mucho más. Pero sobre todo, necesitarían fe y
disciplinas sólidas, para evitar las tentaciones y las trampas de sus vecinos paganos y falsos profetas.
En Devarim 1, 10-11 dice: “HASHEM su Elohim, los ha multiplicado a ustedes, y he aquí que ustedes son
hoy como las estrellas del cielo, por numerosos. Que HASHEM, su Elohim de sus padres, les aumente
como [el número de] ustedes mil veces y los bendiga como habló a ustedes”.
Primero dice que él, Moshé los bendiga mil veces más y después sigues leyendo y dice que HaShem los
bendiga tal como prometiera. Fíjate que en este momento, él les estaba haciendo la bendición y el
pueblo como que se molesta. ¿Por qué pone una bendición tan corta?, ¿Mil veces más?, pero como
dice, como tú puedes dar a una bendición tan corta, y después sigues leyendo y dice, que HaShem los
bendiga tal como él lo prometiera. Esa es la bendición que les dio Moshé, como hombre pidió eso, que

sean bendecidos de esa forma, mil veces más y después que HaShem siga bendiciéndolos como Él lo
prometiera. ¿Entonces uno puede agregar bendiciones tomando el ejemplo de Moshé?, ¡por supuesto!
Que importante es bendecir. Uno ya viene con unas bendiciones. Están las bendiciones de HASHEM que
ya están puestas sobre el Pueblo, sobre los que guardan las costumbres, los que estamos en los
caminos de Él; uno puede y debe bendecir, por eso es tan importante bendecir. Fíjate que acá Moshé le
dice mil veces más, aparte de lo que HASHEM les ha bendecido. Que poderoso es el tener conciencia del
poder que tiene uno al hablar correctamente y así poder ser otro canal de bendición.
La misma boca de HASHEM hablando a través de un mortal como era Moshé. ¿Cómo puede hacerlo
cualquiera de nosotros?, debemos bendecir a nuestras familias, a nuestras generaciones, a nuestros
hijos, a nuestra descendencia, todo lo que tengamos delante de nosotros puede ser grandemente
bendecido a través de usar correctamente la boca. Esto está en estos versículos tan poderosos Devarim
1, 10-11, este como Dios nos da como el aliciente a poder seguir siendo y declarando bendiciones sobre
el Pueblo y sobre todo lo que tenemos alrededor nuestro.
Seguimos estudiando otros versículos, estamos en Deuteronomio 1, 34-38 dice: “Escuchó HASHEM el
sonido de sus palabras, y Se enfureció y juró, diciendo: “Si tan solo viere un hombre del pueblo este, de
esta generación mala, la tierra buena que juré dar a sus padres; salvo Calev, hijo de Iefuné, él la verá, y a
él le daré la tierra sobre la que caminó, y a sus hijos, porque siguió con integridad a HASHEM”. También
contra mí se enojó HASHEM por causa de ustedes, diciendo: “Tú tampoco entrarás allá. Iehoshúa, hijo de
Nun, que está frente a ti, él entrará allá; fortalécelo, porque el hará que la herede Israel. Y respecto a sus
infantes, sobre los que dijeron “cautivos serán tomados”, y sus hijos, que hoy no saben ni lo bueno, ni lo
malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré y ellos la poseerán”.
En adelante hace un resumen, un recuento de por qué no entraron a la tierra prometida, dice: “HaShem
también se molestó conmigo” y toda la historia que venimos recapitulando de nuevo, y en el versículo
1, 38 dice dale ánimo Iehoshúa, hijo de Nun, pues el hará que Israel herede. Hay algo muy importante
cuando le dice Moshé “dale ánimo”, dale ánimo porque es el que va a entrar.
Que importante es que alguien le de ánimo a la otra persona siempre, por ejemplo, cuando va a ser un
emprendimiento; no darle un desánimo, no que te vas a complicar, que te vas a ser esto, que te va a
pasar lo otro. Observa con atención que la boca de HASHEM le está diciendo a Moshé, “dale ánimo”,
porque va a entrar. Capaz que en su concepción humana, como todos lo somos, tenía ciertos temores,
ciertos resquemores, tal vez podré o no podré, cosas como… se me va mi líder, va a partir Moshé, me
voy a quedar solo, estoy a cargo de todo el pueblo, y él conoce el pueblo; él sabe la cantidad de veces
que se iban a quejar delante de Moshé, las veces que se quejaron delante de HASHEM, las veces que se
quejaron porque se quejaron.
Moshé está a punto de partir, hace todo un recuento y lo llama la exhortación a la memoria, pero
también aclara algo, dice HASHEM a Moshé, “Dale ánimo, dale ánimo porque va a tomar la tierra
prometida”, es decir… animarlo, que importante es animar a la persona que va a ser un desarrollo,
instigarla, empujarla, pincharla un poquito, decirle… “dale que tú puedes”; a veces necesita un
pinchacito para poder decirle vamos levántate.

Las palabras de ánimo, decirle a la persona que tal vez ya estaba en la último fuerza, ánimo también de
fuerza física y ese aliento que tú puedes, ese aliento dale que te vas a curar, dale que vas a sanar, dale
que te vas a levantar como empresario, dale que vas a poder conseguir el trabajo, no importa que te
hayan echado, vas a conseguir uno mejor.
A la persona como que le vuelve el alma al cuerpo, cuantas veces decimos este dicho tan común le
“volvió el alma al cuerpo”, le volvió “el espíritu al cuerpo”, fíjate, que tan importante tener esa palabra
de ánimo.
Necesitamos también aprender a animar, cuando uno anima a las personas, también el Cielo, nos anima
a nosotros, medida por medida, así que tener este ejemplo bien claro, animar tanto sea en el ámbito
común de la vida, de lo cotidiano, pero sobre todo animar a la familia que tenemos alrededor, a
nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, animar, tenemos que aprender a darle ánimo a las
personas, nosotros tal vez somos instrumentos que Dios escogió para justamente empujar todos para el
mismo lado, dando esa cuota de ánimo al que necesita escuchar una palabrita tal vez, y esa persona eres
tú, que Dios escogió para levantar un caído.
Por otra parte, en cuanto a sus pequeños sobre los cuales ustedes dijeron que serían tomados cautivos y
los hijos de ustedes que serían prisioneros, que no sabían discernir entre el bien y el mal, esos si
entrarán a la tierra prometida, en ese momento eran menores de 20 años; la generación de 20 años
para arriba fué la que no entró a la tierra prometida.
Estudiando otros versículos en Devarim, Deuteronomio 1, 41, dice: “Entonces respondieron y me dijeron:
“¡Pecamos contra HASHEM nosotros! ¡Subiremos y libraremos batalla conforme a todo lo que nos
ordenó HASHEM nuestro Dios!”. ¡Y se ciñó todo hombre de ustedes sus armas de guerra, y se aprestaron
para subir a la montaña!”
Entonces cada uno tomo sus armas y se prepararon para ir al monte a pelear, pero HaShem en el 1, 42,
dice: “HASHEM me dijo: “Diles: No suban ni peleen, pues no estoy entre ustedes, para que no sean
derrotados delante de sus enemigos”. Y les hablé a ustedes, más no escucharon; y se rebelaron contra
la palabra de HASHEM, y se obstinaron y salieron a la montaña.” Moshé se los dijo, pero no lo
escucharon y saben lo que les vino fué la derrota.
Uno tiene que aprender que llega un momento en que Dios nos empuja y nos empuja. Capaz que eres
un instrumento para empujar una persona dale, vamos, hazlo y es un tiempo. Después, lo que es, es con
su propia fuerza, y fíjate que acá perdimos la guerra.
Fuimos a tomar la tierra prometida, fuimos a buscar la bendición que le había prometido Dios, pero de
entrada, nos quejamos y tratamos de resolver que esto es muy complicado, que esto no se puede y
cuantas cosas y después cuando fuimos que es que dijo “Dios no está con nosotros” dile que no vaya.
Que importante en estar en los tiempos de Dios, pero más importante es estar en los caminos de Dios.
A veces HASHEM nos prepara en la condición, en el momento exacto para empujar algo y después

dejamos pasar esa fuerza espiritual, es inercia espiritual, y ahí fuera de tiempo tenemos que ir a pelear
una batalla, como nos pasó acá cuando nos fuimos a tomar la tierra prometida y perdimos.
Por eso hermanos, hijos del Eterno que somos todos, hijos en el cuerpo de Yeshua, aprendamos a ser
sensibles a Dios, aprendamos a estar juntos y a empujar todos para el mismo lado.
Cuando uno siente que es el ánimo general de hacer las cosas que Dios nos manda hacer, no nos
retrocedamos. No dejemos pasar la oportunidad, la fuerza espiritual que está sobre nosotros, porque es
el tiempo exacto.
No veamos si hay armas o recursos o lo que fuera para tomar la tierra prometida, la tierra prometida
está, los recursos son de Dios, uno tiene que aprender a caminar en esa dimensión, en la fuerza de
HASHEM. El poder de Dios, en el ánimo de Dios, en la alegría de Dios, en el gozo que puedan poner, por
eso es tan importante que uno debe de estar en los tiempos de Dios.
Observa que hay tiempos que son de Dios y no son de hombre, por eso hay que ser sensibles y no hacer
peso, para no tener un cambio en nuestras vidas.
Por eso debemos de entender cuando HASHEM nos habla a través de un tercero, o cuando Dios nos
habla y un tercero nos empuja. A veces tenemos ciertos miedos, como tuvo temores Iehoshúa, que tuvo
que decirle Dios a Moshé anímalo. A veces un empujoncito, tratemos de ser todos un empujoncito entre
uno y cada uno, para poder ser esa fuerza que es imparable.
Digamos esto de una manera simple: Moshé Rabeinu, cuando habló el pueblo judío, y así todo tzadik
verdadero “Y Tu pueblo son todos tzadikim”, cuando cada uno le habla a su prójimo, tenemos que
hablar con palabras cálidas. Cuando trato de transmitir una clase de Torá, y así debe ser con cada uno de
nosotros. Cuando entonces dice el verso “El temor a Dios habla uno al otro”, cuando decimos palabras
de Torá y queremos fortalecernos uno al otro.
Está escrito que este jumash es un libro de teshuvá, (retorno a Dios) y como estamos justo antes de las
grandes Festividades, y deseamos fortalecer y fortalecernos, es necesario que las palabras sean cálidas.
En general, el Baal Shem Tov el fundador del jasidut, alentaba de manera cálida. Solía poner su mano en
el corazón de los niños que llevaba a la escuela y los bendecía con su bendición tradicional, “Zol sein a
warme id”, en idish: que seas un judío cálido. Y el calor comienza en el corazón.
Esto es exactamente el verso que dijimos antes: “Mi corazón es cálido dentro de mí”. El calor debe
comenzar en el corazón, y desde allí va a la garganta donde se transforma en fuego, “Cuando medito
arde el fuego”, y entonces “Yo hablé con mi lengua”. ¿Qué clase de palabras salen de la lengua, de la
boca? Frases calidad. Si salen palabras cálidas de la boca se puede estar seguro, que “Las palabras que
salen del corazón, llegan al corazón”, y allí actuarán, tendrán un impacto que fortalecerá al prójimo, y a
la vez me fortalezco a mí mismo. Todo esto es el fuego sagrado. Que es literalmente el nombre de este
jumash, el libro de Deuteronomio, “palabras”. Que tengamos ameritemos el fuego de la Presencia
Divina, que ella misma es fuego, hablando desde la garganta de Moisés. Y todo judío tiene una chispa de
Moshé dentro suyo, como está escrito en el libro de Tania.

Que ameritemos esta Presencia Divina, y ameritemos calentar unos al otro con el calor de la santidad.

Ahora, siempre leemos esta parashá, esta porción de la Torá en público antes de Tishá beAv (el 9 de Av)
al comienzo del mes de Menajem Av antes de Tishá BeAv, el día en que ambos Templos fueron
destruidos, también el día en que comenzó el pecado de los espías (cuando el pueblo judío estaba) en el
desierto. Hay muchas otras cosas malas que ocurrieron en ese día, pero así como cuando uno llega al
punto más bajo, y Tishá BeAv es el momento más bajo del año, así desde el fondo uno comienza a subir.
Por eso los sabios dicen también que en realidad en el mismo día de Tishá BeAv, el día de la destrucción
de los Templos, ese día nace el Rey Mashíaj. Es el día en que comienza la revelación del Mashíaj.

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